Impón tu suerte, abraza tu felicidad y ve hacia tu riesgo. Ya se acostumbrarán a mirarte.
René Char

Tim Kasser nos recuerda en el libro The high price of materialism (El alto precio del materialismo, 2002) que, para lograr una buena calidad de vida, necesitamos tener “Autonomía y autenticidad”, el deseo de actuar por nosotros mismos y sentirnos autodirigidos.
Por otra parte, los economistas de la felicidad, ponen como una de las prioridades de los gobiernos para mejorar la felicidad de sus ciudadanos, “Potenciar la democracia directa o participativa, la cual aumenta en las personas la sensación de control sobre sus vidas.”
Son sólo dos ejemplos, de entre los muchos que nos llegan de diferentes fuentes, que destacan la importancia de tener un adecuado control sobre nuestras vidas.
No hay duda de que somos los protagonistas de nuestra propia película, de nuestra vida, en eso no hay alternativa. La cosa está en ser también los arquitectos, los ingenieros y los dueños de nosotros mismos.
Pienso que las palabras de René Char son toda una invitación a construir nuestro propio camino, a que sea decididamente nuestro.
Este desafío continuo para nuestros días cobra especial importancia en estos tiempos de dificultades. Si siempre es muy conveniente tender a lo que somos, ahora se hace imperioso, imprescindible.
Impón tu suerte
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Szymborska – El fin del mundo
Vermeer Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.
Wisława Szymborska – Aquí

La mujer vierte la leche y aunque una pintura no puede retener el movimiento, todo él está presente, todo el ir, todo el derramarse de la jarra al cuenco.
Pero el cuadro es sobre todo quietud. La mujer destila relajación, mínimo esfuerzo, participación de todo el cuerpo, los tres elementos que caracterizan los movimientos naturales.
El cuadro, cuyo principio generador es el movimiento, es un homenaje a la quietud.

Serenidad y dedicación, calma y concentración, atención plena, plenitud.
La sensación de estar haciendo lo que se está haciendo y nada más, de estar en el lugar correcto y no querer estar en otro, de no verter el líquido pensando en otra cosa.
La felicidad de fluir, como la leche de la jarra al cuenco, aceptando el Mundo como es, dando las gracias porque tenemos este momento, este instante, en este Mundo, y podemos reconocerlo en toda su valía.
El cuadro merecía un poema, gracias Wisława Szymborska por escribirlo.
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La sabiduría de Wislawa Szymborska
Baile Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,
mientras la Tierra siga siendo diferente
a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,
mientras no se diga ni se escuche nada
sobre otras hierbas honradas por el viento,
sobre otros árboles ceñidos por coronas,
sobre otros animales comprobados como aquí,
mientras no haya un eco, además del nativo,
que sea capaz de entrecortar palabras,
mientras no haya noticia
de peores o mejores mozarts,
platones o edisones,
mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a nada
y siendo excepcional hasta en su imperfección,
mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,
mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas
pueda ponerse un grito en el cielo,
sintámonos huéspedes de este refugio,
distinguidos y extraordinarios,
bailemos al son de la banda local
y hagamos como si éste fuera
el baile de los bailes.
No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
un rincón modesto,
en el que las estrellas dan las buenas noches
y hacia el que parpadean
sin ningún significado.
dalianegra – Más Wislawa Szymborska

Para saber a veces leemos filosofía, ensayo, vemos documentales o asistimos a conferencias. Para sentir, para recibir el calor de otros humanos, para reconocernos, a veces leemos poesía. Parece que así es como va la cosa, una manera muy extendida de entender la poesía.
Por mi parte, a menudo leo poesía también para saber. Muchos lo hacemos. Para los que así obramos, Szymborska es una fuente importante de conocimiento, una fuente a la que volver una y otra vez a refrescarnos, a saciar nuestra sed.
Sus poemas nos emocionan, pero también nos forman y nos conforman. Su manera de ser, de comportarse, de vivir, nos habla de una persona que, con todas las cautelas que ella misma tenía a la hora de usar las palabras grandilocuentes y también por eso, podemos considerar sabia. Sabia porque aprecia el instante, porque anhela el silencio, porque considera a las personas como personas, porque distingue entre lo esencial y lo superficial, porque manifiesta poco interés por lo puramente crematístico, porque mantiene su curiosidad, sus ganas de conocerse y de conocernos, de aprender, de saber, porque aspira a encontrar el sentido y la felicidad, por su sonrisa nunca borrada por la amargura, por ser aguda, cordial, atenta a todo, por su profundidad y ligereza.
Consideración sobre instante:
“No existe vida
que, aun por un instante,
no sea inmortal.
La muerte
siempre llega con ese instante de retraso.”
Consideración sobre el silencio:
(El mundo) es una bola que hace un montón de ruido, ¿no lo oyen?, está hablando todo el tiempo, es escandalosa, ¡una bola charlatana con un montón de palabras! Hay un montón de información, que en dos minutos recorre todo el planeta pero, si se fijan, son tonterías absolutas, informaciones que no tienen ninguna importancia.
Consideración sobre las personas:
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Consideración sobre el materialismo:
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Consideración sobre la construcción de sentido:
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.
Consideración sobre la felicidad:
La felicidad está al alcance de nuestras manos en esta tierra. Por supuesto, la desgracia también, pero apoyemos la felicidad, contribuyamos a los momentos de la vida.
Consideraciones sobre su carácter:
“era tal como imagina uno leyendo los poemas o mirando las fotos: aguda, cordial, atenta a todo.”
“…la capacidad de ser ligera y honda al mismo tiempo.”
“…esa sonrisa cervantina nunca borrada por la amargura.”
Incluso del aburrimiento hay que escribir apasionadamente.
La ironía, presente en mis versos, podría resumirse en las palabras: «Yo soy como tú».
Mi «no sé» no es una alabanza de la ignorancia y de los ignorantes. Es el resultado de muchos años de búsqueda.
Y un recordatorio:
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
Antonio Muñoz Molina – Szymborska: una despedida
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La economía de la felicidad
Algunos economistas afines a la psicología, y en consonancia con la idea de que el consumismo obstaculiza la felicidad de las personas, afirman que se debería ampliar el puro crecimiento económico de los países con medidas que conduzcan al crecimiento personal. Para eso sugieren que las prioridades de un gobierno deberían ser:
□ Reducir la inseguridad en el empleo.
□ Mejorar la asistencia sanitaria.
□ Potenciar la democracia directa o participativa, la cual aumenta en las personas la sensación de control sobre sus vidas.
Isabel Larraburu – Atención plena

En su libro El ideal de la sabiduría, Roger-Pol Droit nos habla de “Retratos invertidos”, son el del sabio y el de nuestro contemporáneo, y analiza hasta que punto las cuatro características definitorias del sabio: hablar silenciosamente, mostrarse invisible, tenerlo todo y nada y regocijarse en la indiferencia, se dan invertidas en lo que podría ser el prototipo de persona de hoy. Argumenta que “Entre los seres humanos de nuestra época y los sabios antiguos la distancia parece infranqueable. Todas las fibras de nuestro tiempo, sus orientaciones, sus valores, sus inclinaciones, van, en efecto, en sentido contrario.”
En sentido contrario, al parecer de muchos de nosotros, a favorecer el crecimento personal y el bienestar de sus ciudadanos, actúan en estos tiempos, en masa, los gobiernos de los países europeos.
La democracia directa o participativa ha sufrido reveses tan importantes como la colocación de dos presidentes en paises del mercado común al dictado de los mercados y a espaldas de los ciudadanos o como la demonización del anterior presidente griego por atreverse a convocar un referendum, en el país que inventó la democracia, cuando lo que se estaba tramando a nivel internacional podía afectar de manera tan significativa las vidas presentes y futuras de su pueblo.
Los profetas del desastre nos dicen que seguridad y empleo son dos palabras que no deben ir nunca en una misma frase, que tener un empleo seguro es aburrido y que los jóvenes deben acostumbrarse a cambiar.
La sanidad y la educación públicas se han convertido en uno de los objetivos preferidos de los recortes presupuestarios completando el cuadro de estos otros “retratos invertidos”.
Aún así, pienso que no debemos renunciar a la esperanza, a intentar entender y actuar en cada circunstancia siguiendo los caminos que nos mostraron los sabios, Pitágoras en este caso, “Dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.
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El precio del materialismo
El psicólogo social de Knox Colege, Tim Kasser, especializado en las repercusiones psicológicas del materialismo, afirma en su libro The high price of materialism (El alto precio del materialismo, 2002) que, para lograr una buena calidad de vida, tendríamos que tener cuatro tipos de necesidades cubiertas. Estas serían básicas para la supervivencia, el crecimiento personal y un óptimo nivel de funcionamiento:
Seguridad y supervivencia. El deseo humano de seguir vivo y la evitación de la muerte prematura.
Competencia, eficacia y autoestima. El deseo humano de demostrar las cualidades positivas propias que llevan a cumplir objetivos y propósitos.
Conexión. El deseo de intimidad y cercanía con los demás, el deseo de pertenencia.
Autonomía y autenticidad. El deseo de actuar por sí mismo y sentirse autodirigido.
Isabel S. Larraburu – Atención plena

Nuestra educación se basa en enseñar a competir y a consumir; no parece que así estemos preparando a nuestros hijos, a los futuros ciudadanos, para la felicidad.
Competir implica ver a los demás como oponentes, como rivales, como obstáculos en nuestro camino. Derivando solo un poco, me recuerda a Homer Simpson cuando decía que tenemos que alegrarnos de que a los demás les vaya mal, porque, de todas maneras, a nosotros no nos va a ir mejor.
Los valores materialistas, con el consumo al frente, nos llevan a confundir las relaciones humanas con las transacciones comerciales, confusión que llega al extremo de tratar a las personas como objetos. Las relaciones interesadas, basadas en valores materiales, son poco significativas, superficiales, prescindibles, intercambiables, de “baja conexión”.
Me sumo a la lectura de Tim Kasser y a su manera de entender la calidad de vida.
Seguridad y supervivencia se entiende a menudo como encerrarse en una fortaleza inexpugnable, pero pienso que tiene más que ver con el compromiso con nuestra salud, tanto física como mental.
Competencia, eficacia y autoestima tienen mucho más sentido para alcanzar el objetivo de sentirnos valiosos, queridos y apreciados, que la posesión de objetos y propiedades.
Conexión, calidad en las relaciones humanas, incompatible con interés, con obtención de beneficio material a través de la relación.
Autonomía y autenticidad, la capacidad de ser nosotros mismos, en el polo opuesto del servilismo, de la esclavitud del consumo; en el camino de la creatividad.
La idea es que el materialismo es incompatible con la felicidad. La aparición de esta, en una sociedad como la nuestra, se produce en escenarios que podríamos llamar de “deficiencia materialista”, en remansos fuera del sistema.
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Carácter genial
H.J.Eysenk, psicómetra que trabajaba en el Instituto de Psiquiatría de Londres partió de una especie de cóctel sobre la esencia del carácter genial que debía reunir los siguientes ingredientes: creatividad, extravagancia, obstinación, perseverancia, egocentrismo, inconformismo, entusiasmo y asocialidad.
La raíz más genuina de la creatividad es la flexibilidad de la ideación. Las pruebas que intentan medirla se llaman de pensamiento divergente.
Los psicólogos experimentales han descubierto algunas propiedades que pueden estar relacionadas con estos fenómenos. Una muy característica la llaman “sobreinclusión”. Consiste en la tendencia a la difuminación de los límites de los conceptos. A la pérdida de las separaciones nítidas de las imágenes, las categorías y las nociones.
Pero, al parecer, hay muchos más genios potenciales que los que salen a la luz. Y en este punto las cualidades de autoconfianza, egocentrismo y asocialidad probablemente son determinantes, ya que la sociedad los mira –a los genios- con una gran desconfianza. Y no es extraño que sea así: rompen los moldes por donde circula la sabiduría cristalizada y suelen tener un convencimiento tan robusto en sus elucubraciones (y un menosprecio tan ostentoso por las de los demás), que todos, o casi todos, nos sentimos insultados.
Adolf Tobeña – Sintonías neuronales

Tenemos tendencia a imitar a los sabios, a seguir sus consejos, a querer ser como ellos. Pero no ocurre lo mismo con los genios. Nos fascinan, nos provocan admiración, pero en ningún caso son un modelo para el común de los mortales. Y así debe ser. Los genios no suelen tener un comportamiento ejemplar. Sirva como ejemplo el trato que el mayor genio del siglo XX, Albert Einstein, dispensó a su primera mujer, Mileva Maric.
Cuando Roger-Pol Droit habla de los sabios, destaca como posibles mutantes de tal figura en nuestro tiempo al Mahatma Gandhi, a Martin Luther King y al Dalai Lama. Por aquí no aparece Albert Einstein, aunque de mayor parece que hizo sus pinitos como aprendiz, que inició la senda. Tampoco figura Steve Jobs, otro genio indiscutible que también tenía cierta tendencia a la sabiduría.
Los genios son personajes egocéntricos. Ideales creativos, grandes, brillantes, extravagantes habitantes de los confines de la humanidad, terreno abonado a la mitificación, estimulantes. Necesarios.
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Los sabios
“Las cuatro paradojas fundadoras: HABLAR SILENCIOSAMENTE, MOSTRARSE INVISIBLE, TENERLO TODO Y NADA y REGOCIJARSE EN LA INDIFERENCIA, definen una imagen del sabio en sí misma paradójica. Figura del ideal, perfección humana supuestamente realizada, el sabio antiguo aparece como un personaje cuyo retrato no encaja en ninguno de los marcos disponibles.”
Roger-Pol Droit – El ideal de la sabiduría

¿Qué saber peseguimos al seguir las indicaciones de los sabios? ¿Qué felicidad podemos esperar por este camino?
Los intelectuales, y muchos no tan intelectuales, de todo el mundo han encontrado sus referentes en esos personajes de gestos inciertos y palabras embriagadoras: los sabios.
La idea es aprender a vivir. ¿Podemos contar con los saberes, aceptar los consejos, de estos seres extraños? Si no podemos ser como ellos, ¿que hacemos aspirando a sus ideales?.
Me recuerda la historia de aquel niño que tiraba piedras a la luna. Un amigo le preguntó:
- ¿Qué estas haciendo?
Con toda naturalidad el niño le contestó:
- Tirando piedras a la luna.
- ¿A la luna? Tus piedras no pueden llegar a la luna.
- De acuerdo, pero si me entreno para tirar piedras a la luna llegaré a ser el que tire las piedras más lejos.
Nunca seremos sabios, pero aún estamos a tiempo de adquirir la que Roger-Pol Droit postula como primera sabiduría: “La primera sabiduría consiste en no querer convertirse en sabio. Basta con tratar de ser un poco más sabio.”
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El perdón es la clave
Si somos capaces de ver nuestro estado mental como una enfermedad, descubriremos que existe una cura. No es necesario que suframos más… ¿Cómo lo podemos hacer? Hemos de perdonar a los que creemos que se han portado mal con nosotros, no porque se lo merezcan, sino porque sentimos tanto amor por nosotros mismos que no queremos continuar pagando por esas injusticias.
El perdón es la única manera de sanarnos. Podemos elegir perdonar porque sentimos compasión por nosotros mismos. Podemos dejar marchar el resentimiento y declarar: “¡Ya basta! No volveré a ser el gran Juez que actúa contra mí mismo. No volveré a maltratarme ni a agredirme. No volveré a ser la Víctima”.
… Una vez te perdones a ti mismo, el autorrechazo desaparecerá de tu mente. Empezarás a aceptarte, y el amor que sentirás por ti será tan fuerte, que al final acabarás aceptándote por completo tal como eres. Así empezamos a ser libres los seres humanos. El perdón es la clave.
Miguel Ruiz – Los cuatro acuerdos

Hasta este punto es importante el perdón: es la clave, es el primer paso que tenemos que dar para ser libres, es la única manera de sanarnos…
Perdonar es un acto de generosidad con quien, tal vez, no se lo merece, pero también es un acto de amor hacia nosotros mismos al que no podemos renunciar.
Y perdonar empieza y acaba en perdonarnos a nosotros mismos, en hacer las paces con quienes realmente somos; porque cualquier otra cosa es sencillamente un disparate.
Sabemos que la misión es difícil, tal vez suframos algunas derrotas, desfallecimientos, vueltas atrás, pero pienso que este es el objetivo, que es necesario tenerlo claro e ir a por él. Pienso que en este punto, especialmente, hemos de cumplir el cuarto acuerdo de los que menciona Miguel Ruiz: “Haz siempre lo máximo que puedas”.
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Corazones
Errático
Soy de corazón grande, y me gusta alcanzar la cumbre. Tengo un corazón grande, y soy fuerte y fuego. En mi corazón grande caben Todo y Nada. Es mi corazón grande un lugar poblado por sombras y caricias; por sonrisas y miradas; por pérdidas y añoranzas; por brotes verdes y esperanzas.
Desde el infierno

Quiero un corazón cada vez más grande, un corazón cada vez más mío en el que quepan cada vez más corazones, un lugar cálido en el que puedan calentarse los que sientan frío, un espacio hecho de espacio para acoger miradas, sonrisas y caricias, para deshacer sombras, pérdidas y añoranzas, un ámbito para la esperanza, todo presente, inasequible a la desolación.
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José Emilio Pacheco – Folletines y melodramas
En realidad, mis obras predilectas
son las inconfesables que distinguen
entre buenos y malos sin matices.
Reconforta pensar: estoy del lado
del bien y la justicia y al final
encontrarán castigo los villanos.
Ya que en el mundo nada de esto ocurre,
me acojo a la ilusión por un instante:
la verdad es dolorosa y no la acepto.
José Emilio Pacheco – Como la lluvia

Nos gusta creer en el infierno, en el castigo para los malvados. Nos fortalece en la idea de ser buenos.
Tal vez cuando renunciamos a obtener un provecho de las debilidades ajenas nos reconforta pensar que con ello acariciamos el cielo.
Cuando dudamos entre ir a por ello o dejarlo pasar viene a nuestra ayuda nuestra temprana educación, tenemos que ser buenos porque los malos se condenan, tenemos que actuar de una determinada manera porque así es como los demás esperan que actuemos. Es más difícil vivir sabiendo que no hay infierno y quien sabe si tampoco hay cielo.
Aliviar el sufrimiento de los demás es un acto íntimo que debemos hacer independientemente de futuras recompensas celestiales y sin sentirnos presionados por penitencias de otros mundos.
Finalmente, no hay nadie para recibirnos en el cielo ni nadie que espere en el infierno para castigar a los malos, y es conveniente aceptar las cosas como son en lugar de seguir confortablemente instalados en “como nos hicieron creer que eran” o quemando nuestra energía en el altar del “como deberían ser”.
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