El presente

Proezas cotidianas

En un mes de enero lleno de nieve y frío de hace algunos años, cuatro esquiadores alpinistas de ciudad subieron al Porgait para descender desde allí trazando giros sinuosos con los esquíes. Lo lograron. Tanto fue así, que se ensalzó la proeza en artículos de periódico y revistas especializadas. Era la primera vez que unos temerarios habían osado subir hasta allí arriba en pleno invierno con nieve alta y hielo. Al menos así lo declararon: que habían sido los primeros. Tal vez en el fragor de la empresa no repararon en que una hendidura en la nieve, profunda como un surco de arado, subía derecha por la cuesta de Lavinàrs hasta la cima del Porgait. Era el rastro de las Gaie, que habían subido el día anterior para rescatar a su rebaño de cabras que estaba en aprietos. El que hubieran llegado a la cima no tenía nada de extraordinario, tratándose de ellas. Lo fue desde el momento en que se supo la indumentaria que habían usado aquellas intrépidas: falda de paño, botas de pescador, pañoleta a la cabeza, jersey de lana enfurtida, saquito de sal en bandolera y Alpensock en ristre; sin ni siquiera guantes en las manos. En un solo día, habían subido a la cima, habían recogido las cabras y habían bajado de nuevo. Ningún clamor, algo normal. Sin darse cuenta, las hermanas sí que habían realizado una proeza: ser las primeras mujeres en la cima del Porgait en invierno con equipo de pescador deportivo.

Mauro Corona – Fantasmas de piedra


Cabras

Las hermanas Gaie, heroínas anónimas de lo cotidiano, nos muestran nuevas proezas del simple vivir. Con equipo de pescador deportivo, el que tenían a mano, sin guantes, sin fotógrafos, pendientes de sus cabras, sin más pretensión que ponerlas a salvo.

De nuevo el operario que endereza la barra, por la noche y con mono de trabajo, que el forzudo dobla con suma dificultad entre los aplausos del público. De nuevo los sherpas que no salen en la foto en las conquistas de los Himalayas. De nuevo la vida real, ajena a los medios de comunicación, ajena a los montajes publicitarios. De nuevo la vida.

Un mundo desencajado

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