La poesía de los e-soliloquios

Billy Collins – Las lámparas apagadas

Es difícil escribir una albada,
una canción sobre el mediodía, o unos cuantos versos crepusculares
sin detenerte a pensar
en qué punto del día te encuentras

que es por lo menos un comienzo
y mejor que el típico ciego acelere
hacia el futuro, que reside supuestamente
en la siguiente de una serie infinita de colinas.

Soy partidario de notar que la luz
en la copa de los árboles
es diferente ahora, con el pasto frío
y húmedo, las flores todavía sin abrir,

partidario de ocupar una silla junto a la ventana
o una banca junto al camino por una hora-
tiempo suficiente para mirar aquí y allá
mientras la caravana del tiempo cruza por la arena,

tiempo para pensar en los amigos idos o muertos,
sus rostros ocultos en el follaje,
y meditar en el amor en ruinas,
volutas de humo saliendo de una chimenea.

Y qué importa si me toma todo el día
escribir un poema sobre el alba
y termino a oscuras con la noche
—algunos así lo prefieren— envolviéndome.

Billy Collins – Ballistics – Versión de José Ignacio Solórzano

Morning Sunlight, Mourne Mountains, Northern Ireland.
Porque los días, para ser valiosos, han de ser valiosos en si mismos y no en función de unas expectativas más o menos definidas de un futuro valioso.

Tal vez el único significado al que podemos aspirar sea el “notar que la luz en la copa de los árboles es diferente ahora”. De hecho ser partidario de tamaña magnificencia ya nos define, nos conforma y nos invita a hacer este camino que a veces, a menudo, sistemàticamente, pasa por ocupar una banca junto al camino por una hora.

Partidarios, en este caso, por obra y arte del traductor.

“y meditar en el amor en ruinas,
volutas de humo saliendo de una chimenea.”
Cuando podemos ocupar el puesto del que armoniza su vibración con el paso de las nubes, del que se moja con sus vapores mezclando sus propios átomos con las minúsculas gotas de agua, de igual a igual, tan nube, tránsito aspirando al tránsito, simples amantes de lo que viene y va; del que se seca al sol esperando otras brisas, otras volutas de agua en el aire mojando su piel, otras nubes que ocupen su cielo.




The Lamps Unlit

It is difficult to write an aubade,
a song about noon, or a few crepuscular lines
without stopping to realize
just where you are on the dial of a certain day

which is at least a beginning
and better than the usual blind rush
into the future, believed to reside
over the next in an infinite series of hills.

I’m all for noticing that the light
in the tops of the trees,
is different now with the grass cold
and moist, the heads of flowers yet unfolded,

all for occupying a chair by a window
or a wayside bench for an hour—
time enough to look here and there
as the caravan of time crosses the sand,

time to think of the dead and lost friends,
their faces hidden in the foliage,
and to consider the ruination of love,
a wisp of smoke rising from a chimney.

And who cares if it takes me all day
to write a poem about the dawn
and I finish in the dark with the night—
some love it best—draped across my shoulders.



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