Responsabilidad

Mi grandísima culpa

…que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (dándose tres golpes de pecho) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

Ordinario de la misa

Mea Culpa
Recuerdo que de niños lo rezábamos, “…por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa… “, pero ni aún hoy sé cual era esa culpa. ¿Qué habíamos hecho para acarrear una carga tan pesada?

Crecimos culpables, con esa culpabilidad preventiva, con una gran deuda que teníamos que pagar durante toda la vida. Ahora pretendemos zafarnos, soltar este lastre y, cuando podemos ver las cosas con una cierta lucidez, parece que lo vamos consiguiendo.

Sólo podemos ser culpables del daño que hacemos de manera voluntaria. Decidiendo no hacer daño quedamos libres de la culpa, aunque no de la disculpa. Involuntariamente también podemos molestar a otra persona y, en esta situación, tenemos una ocasión inmejorable para pedir perdón.

El perdón nos libera y nos hace disponibles al momento. La culpa es manipuladora, paralizante, nos abate, nos ata al pasado, a lo que pasó, tal vez a lo que está pasando, y nos impide el presente.

Con la culpa nos educaron, nos dieron forma, por eso conocemos tan bien su funcionamiento, sus mecanismos. Utilicemos este conocimiento para mejorar nuestra vida empezando como siempre por nosotros mismos, dejando de castigarnos con el látigo de la culpa, con la intención de salvar la única vida que podemos salvar, nuestra propia vida.

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