La poesía de los e-soliloquios

Vívido instante

Vuélvese
más extraño el mundo a medida que envejecemos
más complicada la trama de muertos y vivos.
No el vívido instante aislado sin después ni antes,
sino el arder constante de la vida,
y no sola vida de un hombre, sino de viejas
piedras que nadie sabe descifrar.

T.S.Eliot, Cuatro cuartetos (“East Coker”, V)


Verlo todo con claridad / Seeing with perfect clearness

Pienso que para nada somos “el arder constante de la vida”. No únicamente, ni tan siquiera principalmente. No podemos perder “el vívido instante aislado sin después ni antes”, ese que contiene la vida, ese que nos permite conocernos y reconocernos.

El mundo se vuelve extraño a medida que envejecemos, pero, mientras lo hacemos, también aprendemos y, por eso, valoramos más el momento, la presencia, el arte de vivir, que nos mantiene razonablemente a salvo de esa combustión enrevesada e improductiva.

Saint-John Perse, excelente poeta, nos lo recuerda:
«Quienes algún día moriremos, pronunciamos el hombre inmortal en el centro del instante.»

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