Atención plena

Diáfana e imponderable

ENTRE EL PRIMER Y EL ÚLTIMO CREPÚSCULO

Yo tenía dos o tres años, tengo ahora sesenta, y la llamada de la luz es la misma, como si de ella hubiese nacido y sólo a ella no pudiese dejar de regresar. Entre el primer crepúsculo y el último, siempre todo el cuerpo se ha dejado penetrar por ese ardor que se hacía caricia en esa parte más diáfana e imponderable del ser, y a la que, si no le llamamos también luz, no sabremos nunca qué nombre darle.

Eugénio de Andrade – Vertientes de la mirada y otros poemas en prosa

Zanzibar

Esa parte imponderable del ser que unos reconocen como la más real, la más auténtica, la más apreciada; y que otros simplemente ignoran o dicen que este rollo no va con ellos. La principal razón para vivir para unos, casi una incomodidad para otros.

Eso que sabemos que es, que está aquí, carece de nombre y lo que no puede ser nombrado tiene una dudosa existencia. Tal vez no tiene nombre porque tiene demasiados nombres, tal vez porque es una realidad tan íntima que sólo la compartimos a destellos; en todo caso, la parte más diáfana del ser.

Acepto llamarla luz, ya le he hecho anteriormente, lo seguiré haciendo. Pero también la llamaré con otros nombres. Doy fe de que es real; comparto con Eugénio la consideración de su carácter impoderable y diáfano; la busco, vivo para estar con ella, me pierdo en sus vericuetos, camino sus paisajes. Luz.

Watermarked Sunset

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s