La poesía de los e-soliloquios

La sabiduría de Wislawa Szymborska

Baile

Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,

mientras la Tierra siga siendo diferente
a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,

mientras no se diga ni se escuche nada
sobre otras hierbas honradas por el viento,
sobre otros árboles ceñidos por coronas,
sobre otros animales comprobados como aquí,

mientras no haya un eco, además del nativo,
que sea capaz de entrecortar palabras,

mientras no haya noticia
de peores o mejores mozarts,
platones o edisones,

mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a nada
y siendo excepcional hasta en su imperfección,

mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,

mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas
pueda ponerse un grito en el cielo,

sintámonos huéspedes de este refugio,
distinguidos y extraordinarios,
bailemos al son de la banda local
y hagamos como si éste fuera
el baile de los bailes.

No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:

un rincón modesto,
en el que las estrellas dan las buenas noches
y hacia el que parpadean
sin ningún significado.

dalianegra – Más Wislawa Szymborska

Wislawa-Szymborska

Para saber a veces leemos filosofía, ensayo, vemos documentales o asistimos a conferencias. Para sentir, para recibir el calor de otros humanos, para reconocernos, a veces leemos poesía. Parece que así es como va la cosa, una manera muy extendida de entender la poesía.

Por mi parte, a menudo leo poesía también para saber. Muchos lo hacemos. Para los que así obramos, Szymborska es una fuente importante de conocimiento, una fuente a la que volver una y otra vez a refrescarnos, a saciar nuestra sed.

Sus poemas nos emocionan, pero también nos forman y nos conforman. Su manera de ser, de comportarse, de vivir, nos habla de una persona que, con todas las cautelas que ella misma tenía a la hora de usar las palabras grandilocuentes y también por eso, podemos considerar sabia. Sabia porque aprecia el instante, porque anhela el silencio, porque considera a las personas como personas, porque distingue entre lo esencial y lo superficial, porque manifiesta poco interés por lo puramente crematístico, porque mantiene su curiosidad, sus ganas de conocerse y de conocernos, de aprender, de saber, porque aspira a encontrar el sentido y la felicidad, por su sonrisa nunca borrada por la amargura, por ser aguda, cordial, atenta a todo, por su profundidad y ligereza.

Consideración sobre instante:

“No existe vida
que, aun por un instante,
no sea inmortal.

La muerte
siempre llega con ese instante de retraso.”

Consideración sobre el silencio:

(El mundo) es una bola que hace un montón de ruido, ¿no lo oyen?, está hablando todo el tiempo, es escandalosa, ¡una bola charlatana con un montón de palabras! Hay un montón de información, que en dos minutos recorre todo el planeta pero, si se fijan, son tonterías absolutas, informaciones que no tienen ninguna importancia.

Consideración sobre las personas:

Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.

Consideración sobre el materialismo:

Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.

Consideración sobre la construcción de sentido:

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.

Consideración sobre la felicidad:

La felicidad está al alcance de nuestras manos en esta tierra. Por supuesto, la desgracia también, pero apoyemos la felicidad, contribuyamos a los momentos de la vida.

Consideraciones sobre su carácter:

“era tal como imagina uno leyendo los poemas o mirando las fotos: aguda, cordial, atenta a todo.”
“…la capacidad de ser ligera y honda al mismo tiempo.”
“…esa sonrisa cervantina nunca borrada por la amargura.”

Incluso del aburrimiento hay que escribir apasionadamente.

La ironía, presente en mis versos, podría resumirse en las palabras: «Yo soy como tú».

Mi «no sé» no es una alabanza de la ignorancia y de los ignorantes. Es el resultado de muchos años de búsqueda.

Y un recordatorio:

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

Antonio Muñoz Molina – Szymborska: una despedida

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