Canciones para e-soliloquios

Las chicas de mis sueños -2-

Suzanne te lleva
A su casa junto al río
Puedes oír pasar las barcas
Puedes pasar la noche con ella.
Y sabes que está medio loca
Por esto quieres estar allí
Y te ofrece té y naranjas
Que llegan desde la lejana China
Y justo cuando vas a decirle
Que no tienes amor para ella
Te pone en su onda.
Y deja que el río testifique
Que siempre has sido su amante

Y quieres viajar con ella
Quieres viajar a ciegas
Y sabes que ella confiará en ti
Porque has tocado su cuerpo perfecto
con tu pensamiento.

Y Jesús fue marinero
Cuando caminó sobre las aguas
Pasó mucho tiempo observando
Desde su solitaria torre de madera
Y cuando estuvo seguro
De que sólo podían verle los que se ahogaban
Dijo: «Todos los hombres serán marineros
Hasta que el mar los libere»
Pero el mismo fue destrozado,
Mucho antes de que se abriera el cielo.
Abandonado, casi humano
se hundió bajo tu sabiduría
como una piedra.

Y quieres viajar con él
Quieres viajar a ciegas
Y crees que puedes confiar en él
Porque ha tocado tu cuerpo perfecto
con su pensamiento.

Ahora Suzanne te coje de la mano
y te lleva al río.
Se viste con plumas y harapos
De los mostradores del Ejército de Salvación
Y el sol se derrama como miel
Sobre nuestra señora del puerto
Y te enseña donde mirar
Entre la basura y las flores
Hay héroes entre las algas
Hay niños en la mañana
Que se asoman al amor
Y que siempre preferirán este camino
Mientras Suzanne sostenga el espejo

Y quieres viajar con ella
Quieres viajar a ciegas
Y sabes que puedes confiar en ella
Porque ha tocado tu cuerpo perfecto
con su pensamiento.




Conocí a Suzanne, por esto la canción es para muchos, para mi, la mejor canción, porque habla de nosotros, de mi.

Conocí a Suzanne, toqué su cuerpo perfecto con mi pensamiento y ella tocó mi cuerpo perfecto con su pensamiento, aunque mucha gente sólo esté interesada en si nos acostamos o en si se acostaron. Toqué su alma y ella tocó la mía. Reconocimiento propio y ajeno, reconocimiento mutuo. Nunca se olvida, no puede olvidarse, este momento en que “todo tú” se mira cara a cara con “toda ella”, con “todo él”. Sin ayer, sin mañana, todo presente, todo río.

Pocas veces se vive pero nunca se olvida. No hay confusión posible. Tal vez la sola certeza en un mundo sin certezas. Todo tú y lo que sientes cuando esto ocurre. Este “todo tú” sencillo, fluido, natural. Tan único, tan claro, tan difícil que hace inútiles los esfuerzos que hacemos para que se repita.

Suzanne me llevó al río, me ofreció té y naranjas de la China, me enseñó donde mirar entre la basura y las flores, pero sobre todo dentro de mi mismo, y todo fue como dice la canción.

Porque esta mujer medio loca que viste plumas y harapos, que te coge de la mano y te lleva al río, y cuando le dices que no tienes amor para ella te encanta en su onda y se encanta en la tuya, es la que yo conocí; no entiendo como lo supo Leonard Cohen. Mientras sostuvo el espejo, este espejo en el que tan claramente me vi y me reconocí, todo fue más real.

Y nos sentamos en un recodo del río, entre los árboles, a ver el agua correr y escuchar su canto de camino hacia el mar y el sol se derramaba como miel. Agua y sol viajando a ciegas, como Suzanne.

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