Canciones para e-soliloquios

Ensayo sobre el perdón

Son las cuatro de la mañana, finales de diciembre.
Solo te escribo para saber si estas mejor.
Hace frió en Nueva York, pero me gusta vivir aquí.
Suena música en Clinton Street durante toda la tarde.

He oído que te estás construyendo
una pequeña casa en medio del desierto.
Que vives al día, y sin planes.
Espero que escribas algún tipo de diario.

Sí, y Jane vino por aquí con un mechón de tu cabello.
Dijo que se lo habías dado
aquella noche en que decidiste cambiar de vida.
¿Realmente lo hiciste alguna vez?

Ah, la última vez que te vimos, parecías mucho más viejo.
Tu famoso impermeable azul estaba gastado por los hombros.
Habías ido a la estación a esperar todos los trenes
y volviste a casa sin tu Lili Marlene.

Y has tratado a mi mujer como un objeto más de tu vida.
Y cuando volvió conmigo ya no era la mujer de nadie.

Bueno, te veo ahí con una rosa entre los dientes.
Otro delgado ladrón gitano.
Bien, veo que Jane se ha despertado.
Te manda recuerdos.

Y, ¿qué puedo decirte, mi hermano, mi asesino?
¿Qué es lo que puedo decir?
Supongo que te echo de menos, supongo que te perdono.
Me alegro de que te cruzaras en mi camino.

Si alguna vez vuelves por aquí, ya sea por Jane o por mí.
Tu enemigo estará durmiendo, y su mujer es libre.

Si, y gracias por el pesar que quitaste de sus ojos.
Pensé que no se podía hacer nada, y por eso ni lo intenté.

Sí, y Jane vino por aquí con un mechón de tu cabello
Dijo que se lo habías dado
aquella noche que decidiste cambiar de vida.

Sinceramente, L. Cohen.

El famoso impermeable azul (Famous Blue Raincoat) forma parte del disco “Canciones de amor y odio” que Leonard Cohen publicó en 1971.

Aunque su autor nunca la consideró una canción redonda, totalmente acabada, esta canción ha sido versionada por Joan Baez, Judy Collins, Tori Amos, Lloyd Cole, Jennifer Warnes o Cristina Rosenvinge entre muchos otros y es parte de la memoria emocional de muchos de nosotros.

A mi modo de ver se trata de un buen ensayo sobre el perdón. Nos habla de la infidelidad, tal vez la ofensa por excelencia, la traición de la persona que hemos elegido, con quien somos uno. Pero también nos habla sobre perdón y gratitud.

Se ha especulado mucho sobre el carácter autobiográfico de la historia, sobre la identidad de sus protagonistas, pero el mismo Leonard Cohen nos ha dicho en alguna ocasión que ha olvidado como fue la implicación y quienes fueron los implicados. No tiene importancia.

Se trata de una carta que escribe a su amigo en la que le redime y se redime, en la que lo perdona y le da las gracias. Se trata de una carta que me ha ayudado a entender mejor de que estamos hablando cuando hablamos de perdonar.



Perdonar está en nuestro ámbito de actuación, a nuestro alcance, solo depende de nosotros.

Pienso que perdonar no significa permitir que te sigan haciendo daño, que perdonar no es olvidar y que el perdón no trae necesariamente consigo la reconciliación.

Mientras no perdonamos seguimos ligados a la persona que nos ha ofendido, que nos ha dañado, consumiendo nuestra energía en mantener conversaciones en las que le dejamos bien claro lo que pensamos de ella, en hacer planes de venganza, en tratar de convencer a otras personas de lo mala que es esa persona y de la magnitud de su afrenta…

Cuando perdonamos le arrebatamos a nuestros ofensores la capacidad de hacernos sentir mal, recuperamos nuestro poder, disfrutamos de una nueva perspectiva y mejoramos nuestra disposición para atender a nuestro presente, a nuestro día de hoy, a nuestro momento; aligeramos nuestra mochila y estamos mejor preparados para el camino, para la vida.

Leonard Cohen nos recuerda aquello que siempre hemos sabido: “Errar es humano, perdonar es divino”.


Antes ciego que sordo
Isabel S. Larraburu – La felicidad que nace del perdón

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10 pensamientos en “Ensayo sobre el perdón

  1. Como siempre la reflexión es acertadisima, debemos de tener el perdón como una herramienta única con la que saber administrar nuestra vida.
    Muchas veces nos averguenza el perdón, y pedirlo, pero es necesario para que nosotros mismos nos identifiquemos con la quizás culpabilidad que desprendemos, solo desde el mismo perdón, y la acción de perdonar y perdonarnos, entenderemos que solamente en ponerlo en acción seremos causa y efecto.

    A veces da igual quienes son los protagonistas, la cuestión es activar esta poderosa herramienta y saber como utilizarla… Perdón es no tener que decir nunca lo siento.

    Silver

    • Así lo veo yo también, como una poderosa herramienta que nos conviene aprender a utilizar.
      No es una herramienta fácil de manejar, pero creo que es increíblemente valiosa.

      Un saludo

  2. Pingback: Ensayo sobre el perdón – De dioses y de hombres « e-soliloquio

  3. Pingback: Blanda indolencia « e-soliloquio

    • Pienso que aquí se encuentra o se pierde una buena parte de nuestra felicidad.
      ¿Porque no podemos simplemente dar las “gracias por el pesar que quitaste de sus ojos”?
      Si no es conmigo, con nadie.
      Qué difícil nos lo ponemos.
      Sinceramente, perdonar es de sabios.

      Gracias por tu visita y por tu comentario.

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