El presente

Vivir jugando

En el tango uno no se equivoca… Uno sigue bailando aunque se equivoque o se enrede.
Frank Slade (Al Pacino) – Esencia de mujer (1992)

…los niños juegan en serio y el juego comporta una ética en la que la trampa, el engaño y el rompimiento de pactos preexistentes dan por terminada la obra. Lo maravilloso de los niños es que fuegan seriamente, saben que están jugando y se atreven a jugar.

…Un niño, al principio, sentirá dolor por el juego malogrado se pondrá a llorar y a protestar, pero pronto se recuperará disponiéndose a participar de un nuevo juego. El adulto, en cambio, también llorará y protestará frente al juego malogrado, pero tenderá a sumirse en la frustración, en el reproche, en el planteamiento tan común de si hubiera hecho esto, si no hubiera dicho aquello

¿Y eso por qué? Mientras que el niño simplemente se hace cargo del hecho de haber participado de un juego en el que el otro rompió las reglas, el adulto toma la acción del otro de forma personal, involucrando toda su vida hasta llegar a considerarse el culpable de ese fracaso y hasta el punto de sentirse incapaz de participar en otro juego. Es el caso simple y cotidiano de no vuelvo a enamorarme, no vuelvo a confiar.

Aún así, el carácter esencialmente lúdico de la vida siempre tiende a colocarnos en otros escenarios, en los que indefectiblemente se termina por entrar para seguir jugando. Y así lo hacemos, sólo que, si no capitalizamos las experiencias anteriores, corremos el riesgo de subir debilitados en lugar de fortalecidos a los nuevos escenarios. Porque cuando nos damos cuenta de que el juego se malogró porque el otro hizo uso de su libertad para no respetar las reglas establecidas y cambiarlas sin aviso, sólo se vuelve a jugar bien cuando no lo tomamos como algo personal. Es el otro el que hizo finalmente lo que hizo, y carga con esa responsabilidad: la de malograr el juego. Verlo así significa también crecer y aceptar que la gente tiene la capacidad de desertar del juego, y de hacerlo sin avisar.

…Por su natural e inocente cercanía a lo puramente vivido los niños juegan seriamente. Pero se conservan íntegramente ellos mismos, independientemente de los distintos juegos. No importa que el juego de los ositos se haya interrumpido, Mercedes permanece intacta, con toda su capacidad para finalizarlo, repactarlo, negociarlo o iniciar otro juego distinto. Incluso con sus amigos de siempre o con otros. Eso que parece tan normal en los niños se considera un acto de inmadurez en un adulto. Y, sin embargo, de esto se trata, de entender las circunstancias de la vida, en que nos interrelacionamos con distintos actores, como escenarios en los que debemos jugar nuestros roles con absoluta creatividad y libertad en el marco de las pautas reconocidas.

Más allá de estos escenarios podemos conservarnos íntegros y revitalizados en cada uno de ellos, no importa que el resultado sea el éxito o el fracaso.

Al comprender que la vida es un juego serio, alcanzamos una mayor dimensión de libertad para actuar, aprendiendo que se trata de saber jugar.
Claudia Noseda – Antiestrategias

Me gusta mucho esta reflexión sobre la seriedad de los niños cuando juegan. Juegan para divertirse y precisamente por esto se lo toman muy en serio. La diversión es un tema serio. El juego es una pieza clave en el crecimiento de las personas. Los niños necesitan jugar.

Lo que nos dice Claudia Noseda es que podemos entender la vida como un juego en el que participamos con unas reglas, asumiendo unos roles, implicándonos a fondo, como se implican los niños en sus juegos.

Cuando un jugador incumple las reglas el juego se interrumpe. A menudo, cuando se rompe la partida porque alguien ha infringido las normas nos rompemos nosotros con ella; quedamos dañados, a veces inservibles durante un tiempo. Este es el problema. Sería deseable aprender de los niños a mantenernos íntegros, a recuperarnos y disponernos a participar de un nuevo juego. Es necesario recuperar nuestra capacidad infantil de no perder un tiempo excesivo en las frustraciones; unos juegos se interrumpen y otros se inician. Para jugar y divertirnos necesitamos predisposición, creatividad, libertad y mucha atención. Esta puede ser también una buena receta para disfrutar de la vida, afrontar cada día con atención, predisposición, creatividad y libertad.

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7 pensamientos en “Vivir jugando

  1. Siempre me dejas pasmada. O sea que si nos cambiamos las gafas del vivir, resulta que no paramos en toda la vida de jugar y jugar. Me parece interesante y relajante.
    Casualmente acabo de hacer un descubrimiento parecido, seguro que te encanta esto:”Todo ocurre para mí, en lugar de ocurrirme a mí”. Encontré esta frase en el encabezamieto de un capítulo del libro que una amiga mía me ha dejado ojear. Se lo ha prestado con toda la buena intención, alguien a quien ella quiere mucho y que no debe entender, con toda la buena voluntad con que se lo prestó, porqué mi amiga ni lo acaba ni lo asimila. Lo que le pasa a la pobre es que se le atasca porque que de tanto quererlo asimilar, no lo acaba.
    Tengo que decirle que se salte las otras 300 páginas, porque son sólo la introducción.

    Yo me apunto a jugar a éso, las reglas se intuyen sobre la marcha: son pura lógica. A ver si convenzo a mi amiga.

    Bueno Esoliloquio, nos seguiremos comunicando.

  2. Esoli, me ha sido gratificante leer el artículo, y en todas sus afirmaciones es muy acertado. Nos tomamos todo muy en serio (en su término adulto), hasta nosotros mismos nos tomamos en serio, pero no disfrutamos de nada. Si como los niños pusieramos todos los sentidos, como ellos hacen en el juego, si fueramos serios y responsables, sin mas trascendentalismos que el momento en que se vive y se actua, todo cambiaría. Perdemos la vida en nuestras propias frustraciones y circunstancias, nos olvidamos de la libertad que tenemos, nuestro más preciado tesoro, y nos equivocamos.

    La mejor de las reglas, predisponerse y ponerse, disfrutar de la vida, y de nosotros mismos y de los demás, la creatividad entonces viene, llega, por sí sola, y es ta gozoso, que el niño de nuevo sale, emerge, feliz y ansioso de nuevo de jugar.

    Gracias por permitirme esta reflexión con la tuya.

    No dejamos de jugar por hacernos mayores, nos hacemos mayores por dejar de jugar.

    Silver.

  3. “Predisponerse y ponerse”, eso es. Yo también lo veo así.

    Gracias por tu visita y tus comentarios. Nos vemos en la nube.

    Un abrazo, compañero de camino

  4. Pingback: …y el juego « e-soliloquio

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