El presente

Retroceder al presente

Demasiado a menudo nos encontramos embarcados en futuros improbables, manejando escenarios inciertos, barajando opciones casi imposibles, argumentando en situaciones que nunca se llegaran a producir, viviendo tragedias que nunca llegaran a suceder. Nunca se cumple la peor de nuestras expectativas. Nuestra imaginación supera a la realidad; afortunadamente. Si el porvenir fuera la mitad de terrible de lo que hemos imaginado en nuestros insomnios la vida sería un verdadero infierno.

Nos conviene detener estas espirales de pensamiento aciago. Nos conviene trabajar en nosotros mismos, aprender a controlarnos, facilitarnos las cosas. La mejor idea para conseguirlo es vivir el presente, parar, atender a lo que estamos haciendo, a lo que está pasando. Mientras ponemos la atención en el momento actual la desviamos del futuro, desbaratamos los presagios compulsivos. Contemplar el ahora, dejar de actuar, volver a nuestro cuerpo, pensar en él, sentirlo, son buenas prácticas, y, por supuesto, concentrarnos en la respiración.

El presente es más real si lo despojamos de tanto futuro.

Nuestra mirada sobre la realidad es más importante que la realidad misma. Debemos tener los ojos bien abiertos y evitar interferencias como la previsión de futuros. Nos interesa ver claro, interpretar correctamente lo que nos está pasando. A menudo es nuestra visión de la realidad la que nos produce sufrimiento.

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